En mi natal puerto de San Antonio, está la localidad de Tejas Verdes, donde viví hasta los 17 años y donde vivo a ratos actualmente, los inviernos allá eran bacanes, no como los de Santiago, aunque suene a reniego de citadina la verdad es que los inviernos allá tenían olor a sopaipillas pasadas, al igual que el verano a mar y los feriados a chicha, asado, arreglo de calles, pinos y pan de pascua de esos de adeveras.
Los inviernos allá tenían cortes de luz y grandes tempestades de esas con truenos, rayos y grandes lluvias, de esas en que no se podía salir de la casa, no había clases. Allá vi luciérnagas, algo que nunca más en mi vida pude presenciar en directo, bellas, iluminando la oscuridad de esas tenebrosas noches. Noches de cortes de luz y cielos rojos, en que mi tío Fernando (que aunque no era de verdad tío nuestro, se puso el título) llegaba en esas noches de conversa alrededor del fuego o de las velas a contar sus buenas y truculentas historias de entierros, diablos, lloronas y miles de espectros que nunca vi pero que allá todos los viejos conocen de cerca, sobretodo los buenos pa'l pipeño.
Allá el vino navegado tenía otro sabor, para los resfríos eran buenas las flores pectorales y el tarrito con hojas de Eucalipto encima del brasero, con tantos olores daba gusto estar enfermo. No había ni tele, y si había era blanco y negro así que a lo más se conformaba uno con mirar el techo hasta quedarse dormido contando cuantas pifias tenían las maderas, lo mejor si descubrías una hormiga o araña escondida. Se aburría uno de ver los mismos dibujos de las cortinas una y otra vez.
En el invierno se anegaban las calles a tal punto que llegaban a la casa y se usaba mucho la bota de agua, de esas de caucho. Con esas mismas mi papá transportaba a mi prima de regreso a casa cuando se nos hacía tarde jugando a las no-Barbies.
Esos eran inviernos, cuando crecía el río por las lluvias y el Maipo se traía un montón de palos, árboles enteros y se agrandaba hasta llegar al borde en olas de proporciones a nuestros ojos de niños, también traía recuerdos y una vez que se empezaba a secar el río íbamos en busca de ellos revisando los montones de tierra con basura, monedas antiguas y de países, más de alguna joya de valor encontramos por ahí.
También eran de miedo esos inviernos, cuando salían las lanchas y uno sabía que el papá, el familiar o el amigo podía quedarse para siempre en las olas. Más aún cuando se sabía que alguno se había quedado, eran de pena.
En fin, esos son mis inviernos, no estos de aluviones con dos gotas ....virus sincicial....adeno-que? ....aire acondicionado en vez de brasero, scaldasonno en vez de guatero, antibióticos en vez de hierbas,etc.
Eran muy distintos los inviernos allá y aunque los tiempos han cambiado, siguen siendo muy distintos.
18 agosto, 2006
03 agosto, 2006
BESO PARTIDO por Pedro Aznar
Sabes, ya no tengo fe en mi antigua locura
y digo
yo no me fío de quien me arruina en pedazos
y Dios es quien sabe de ti
y no me merezco un beso partido
Hoy es apenas un día perdido en el tiempo
y vivo
lejos de aquello que sé, es mejor ni hablar de eso
yo sé que seré para ti
lo que ya no importa saber
Hoy es tan sólo una vena que estalla en el pecho
y grito
Mira el beso partido
Dónde estará aquella reina
que la lucidez escondió
escondió
01 agosto, 2006
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
